Gateway Anchorhub

Crónica de marketing clínico · comunicación ética · seguimiento de campañas

· Inés Valladares

Lo que un anuncio de medicina estética suele no poder decir

Cuaderno abierto con notas manuscritas sobre una mesa de madera

En las clínicas de medicina estética el papel de primavera llega antes que el consentimiento. El titular quiere calor, piel y una cifra. El paciente, en el vestidor, quiere saber si podrá trabajar al día siguiente y qué pasa si el hematoma tarda.

Hay fórmulas que se copian de feria en feria. «Resultado inmediato» suele chocar con el edema. «Sin cirugía» omite agujas, baja y días de no maquillar. «Piel de diez años menos» no es un hecho clínico; es una comparación con un cuerpo imaginario. «La mejor de la ciudad» pone a la consulta en un ranking que nadie ha medido.

La publicidad sanitaria en España no vive en un vacío: hay normas de carácter general, códigos de colegios y una costumbre deontológica que se enfada cuando el reclamo adelanta al juicio clínico. Eso no convierte a cada inspector en un enemigo. Convierte al folleto en un documento que debería poder leerse junto a la hoja de consentimiento sin que uno desmienta al otro.

Un inventario útil, nacido de auditorías en Canarias y de lecturas de piezas que nos envían desde península:

Ninguna de estas líneas sustituye al abogado del centro. Sirven para que la reunión de equipo, el jueves a las ocho, tenga algo concreto que tachar. En Gateway Anchorhub las vemos aparecer una y otra vez, con distinta tipografía y el mismo problema: el adjetivo llegó antes que la contraindicación.

Si dirige una consulta y quiere una lectura de sus piezas —no un curso ni un eslogan nuevo— el encargo que cubre este terreno es la auditoría de comunicación ética.

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