Cuando el fisioterapeuta habla de resultados en voz alta
La fisioterapia trabaja con plazos que el cartel odia. Un esguince no obedece al «pack de cinco». Un dolor de espalda de años no se acaba en el puente de diciembre. Aun así, el mostrador tiene que responder a «¿cuánto tardaré?» sin inventar un número y sin huir hacia el misterio profesional.
Una fórmula que ha aguantado en gabinetes que auditamos: «En la primera visita valoramos y le decimos un margen. Ese margen se revisa a las cuatro sesiones. No hay cifra de alta el día que llama.» Es largo para un anuncio. Es corto para una vida.
Lo que suele fallar es la analogía deportiva («como los futbolistas») aplicada a una persona de setenta años, o el antes-y-después en redes con una sola foto de espalda desnuda sin contexto de tiempo ni de ejercicio en casa. El colegio se enfada; el paciente, también, cuando su ritmo no aparece en la foto.
Hablar de resultados en voz alta es posible si se habla de lo que se midió en esa persona: grados de movilidad, dolor en una escala que el paciente entiende, sueño, vuelta al trabajo. Hablar de resultados en el cristal de la fachada, en cambio, empuja a la media, y la media no entra en la cabina.
Las campañas de «vuelta al deporte» de septiembre merecen un párrafo de contraindicación en el mismo papel. No es pesimismo. Es el mismo respeto que se pide en la camilla.