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Crónica de marketing clínico · comunicación ética · seguimiento de campañas

· Nuria Beltrán

Campañas de septiembre y de enero: dónde se atascan las clínicas

Montón de periódicos y revistas sobre una mesa

Septiembre y enero concentran en las clínicas pequeñas una tentación: decirlo todo a la vez. Revisión, blanqueamiento, higiene, pack de pareja, propósito de año. El papel se llena. El mostrador se queda con tres frases y una agenda llena de gente que no sabe por qué ha venido.

Un calendario editorial, no de marketing de producto, que usamos como borrador con centros de una o dos sedes:

Julio. Decidir un solo tema para septiembre. Retirar del cajón los folletos del año anterior que aún prometen plazos que ya no existen.

Agosto. Escribir el texto corto (horario, precio de primera visita, nombre del responsable). Pasarlo por el facultativo. Imprimir poco.

Primera semana de septiembre. Colocar el papel junto a la toma de cita, no en el expositor infantil. Avisar a recepción de qué no se dice.

Octubre. Media hora de seguimiento: ¿la frase del cristal coincide con la agenda? Si no, se retira el plazo.

Noviembre. No lanzar la campaña de Navidad encima de la de septiembre. Un cartel, un tema.

Diciembre. Cerrar el año con horario de fiestas, no con packs milagro.

Enero. Misma disciplina que septiembre. El «año nuevo» no autoriza garantías de peso, de piel o de sonrisa.

Quien quiera que ese calendario lo lleve alguien de fuera, mes a mes, tiene el observatorio mensual. Quien solo necesite una lectura de las piezas ya impresas, la auditoría. En ambos casos el criterio es el mismo: el paciente tiene que poder oír en el mostrador lo que leyó en el papel.

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